Los delincuentes se retiraron, el asalto había terminado, pero otra historia daba comienzo. En esos momentos uno pierde el rumbo, pierde la facultad de analizar, de razonar, uno se ve superado y llevado por la situación. La historia que comenzaba a partir de que los delincuentes cerraron la puerta de mi casa, -ahora alejado en el tiempo-, es igual a la que vivi durante el asalto y peor por lo que representa y por su interminable duración en el tiempo. Los asaltantes fueron dos y estuvieron 30 minutos, la parafernalia policial y judicial incluyo la invasión total de mi domicilio, no menos de 20 policias y funcionarios judiciales entraron y permanecieron allí, como si fuese un velorio, solo caras compungidas, pesames y ninguna solución. Esperar hasta las 4 de la mañana que la policía científica llegara y levantara rastros. Realizar la denuncia contando una y mil veces lo sucedido a cada uno que preguntaba. Aportando una pista, que fue desechada de plano por el capitán a cargo, expresando textualmente: “ese es un croto”, cuando se le da el nombre de un sospechado delincuente local al cual se había visto a los pocos minutos y cerca de mi domicilio con una especie de maletín negro (seria la notebook que los asaltantes se llevaron?), pues eso ya nunca lo sabremos. Cuando la investigación a cargo de la policía comunal y no de la DDI (organismo especifico de investigación), lleno hojas y hojas sin resultado alguno, comenzaron las teorías de culpabilidad de la propia victima, tendrían esa suma de dinero? Lo habran hecho por el seguro? Se están separando y uno le robo al otro? No serian los hijos los que planearon el robo? etc. Todo ello para tapar cuanto menos la negligencia y/o impericia de la investigación.
martes, 26 de enero de 2010
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